Lugar común

Luchando en contra de los lugares comunes
decidimos trasladar la poesía
a la cancha de tejo.

Allí los versos saben a pólvora
se escriben con la mano izquierda
y se beben con el codo empinado.

Echando raíces invertidas,
viajando en vagones oxidados,
hablando en lenguaje de señas,
intentamos ser poetas.

En este espacio,
el único miedo es que se acabe la cerveza
o quedar atrapado entre las equinas
donde los comunes no sean los lugares
sino que seamos nosotros mismos.

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