RESET


Sabía que en algún momento tenía que enfrentarme a una página en blanco y plasmar estas líneas que leerán a continuación, pues bien, he aprendido a  disfrutar la vida jugando con el abecedario, como también  he descubierto una oportunidad en la escritura para ser parte del mundo.

Quiero contarles una de las anécdotas más extrañas que he tenido en la vida o… en la muerte, bueno no lo he descubierto aún, pero estoy en la tarea. Se trata de una complicación quirúrgica que casi me lleva a otro lado, no sé cuál precisamente porque  no  creo en cielos o infiernos, pero por poco mi energía deja esta forma corpórea para convertirse en otra cosa.

En 2014 fui operada de un tumor en la mejilla izquierda, nada que resultase aterrador, era apenas un fibroma que según entiendo es un tumor benigno que crece de forma subcutánea en diferentes partes del cuerpo y no tiene mayor complicación. Y pues sí, esa cirugía fue sencilla, ambulatoria y en un plazo de aproximadamente 15 días ya me había recuperado.

En 2017 volvió a salir el mismo fibroma, ahora más grande y más notorio pero que además me generaba una sensación de muy leve dolor en la cara, sin embargo uno de joven cree tener la vida comprada y suele ser negligente con ciertas cosas, le di largas y largas al asunto, hasta que ya era necesario operar de nuevo.

El 12 de Junio de 2018 entré a la clínica Palermo por urgencias como había planeado con mi médico cirujano, fue una eterna espera hasta que me asignaron un Triage y todas las cosas de rutina de las EPS. Cuando me atendieron, una médico hablo sobre mi hospitalización para alistar mi cirugía (cosa que no esperaba). Así fluyo todo, entre gente enferma, canalizaciones y sillas duras, todos esperando a que alguien atendiera la necesidad.

Finalmente después de 12 largas horas, me asignaron un cuarto, al día siguiente estuve esperado alguna respuesta de mi cirugía pero lo único que me decían era que no había salido la autorización, así que me dedique a esperar como uno más de los buenos y abusados pacientes que somos en este país. Llegó el jueves y finalmente hubo respuesta, la cirugía estaba lista para las 4:00 pm.

Era el momento de entrar una vez más al quirófano, yo estaba muerta de susto pero según el Doc. sería algo sencillo. En la sala de cirugía las auxiliares escuchaban Led Zepelling  y en medio de mi canalización y anestesia comentaban sobre grupos musicales del siglo XXI vs. la época dorada del Rock y hasta ahí recuerdo todo.

Hora y Media después estaba en una camilla con dos enfermeras alrededor diciendo: - ¡Es hora de despertar! ya está operada. En cuanto pude abrir los ojos y subir un poco la cabecera de la camilla empecé a sangrar de una manera realmente exagerada, me salían coágulos y chorros de sangre por la nariz y la boca, una de las enfermera me vio y bullosamente alertó a las demás personas que estaban en la sala de recuperación, todo el mundo me miraba con preocupación y yo mientras tanto empezaba a sentir como se me inflamaba la cara, la mejilla, los labios, la frente. No podía hablar estaba en pánico, la respiración disminuía y sentía que me iba a desmayar, un hombre gritaba:- ¡llamen al Doctor de la OZ!, mientras alguien le respondía: -él no está, está en la clínica Country.

Yo veía ríos de sangre sobre las sábanas blancas, mientras le pedía a las fuerzas espirituales en las que creo que me dieran el valor necesario para  aguantar tanto dolor y tanta asfixia, pero el ahogo cada vez era superior, con una maquina intentaron drenarme la sangre y con hielo en mi cara sostenido con una venda alrededor de mi cabeza, trataban de disminuir la inflamación. La gente que estaba en la sala intentaba ayudarme, corrían como locos para un lado y para otro. Pedí un papel y un lápiz para escribir, necesitaba decirles que le informaran a mi mamá que esto estaba pasando, en cuanto pudieron, a través de una puerta a lo lejos la dejaron asomarse, en su rostro vi una cara de espanto y yo con mis ojos trate de decirle que la amaba.

Cerraron la puerta y ya no podía más, el medico no llegaba y mis vías aéreas parecían estar obstruidas al tope de no dejar pasar más aire, una enfermera alistó el equipo de reanimación, el anestesiólogo le pidió a otra enfermera una muestra de mi tipo de sangre para una transfusión, ella  obediente me picaba el brazo una y otra vez tratando de encontrarme alguna vena sin conseguir resultado alguno.

Llegó el Doc. y en una expresión de angustia dijo: -¡llévenla ya a sala de cirugía, rápido!. El último recuerdo que me alberga de ese instante,  es una bocanada de aire, densa, espesa, sabor a sangre y mis piernas pateando el aire como cuando jugaba de niña a resistir la respiración bajo el agua hasta más no poder.

Se había terminado, ya no me dolía nada, la angustia se había ido, no tenía ninguna sensación que generará malestar alguno, había una oscuridad profunda y un frío casi insoportable, no podía entenderme en un cuerpo, pero podía reconocer mi existencia aún. De algún lado emanaba una voz que nuca supe si era de una mujer o un hombre, pero con la que tuve un dialogo poco elocuente, no tengo noción de cuánto tiempo duró, sin embargo, de algo que si tengo total certeza es que no fue un sueño, aun no estoy tan loca para no poder diferenciar un sueño de algo que sentí y que recuerdo con claridad. Esta fue nuestra conversación:

-¡Venga acá!
-¿Acá dónde?
-Pues acá donde yo estoy
-¿Dónde es acá?
- ¡Venga acá!
- No, yo estoy esperando a mi mamá
- Ella no va a venir, ¡venga!
- Sí, ella viene, ella me dijo que venía
- ¡Venga acá!
- ¡Que No!, que mi mamá ya viene.

Eso es todo lo que decíamos una y otra vez, yo trataba de “devolverme” pero no había un norte o un sur, un adelante o atrás, una derecha o izquierda, todo era oscuridad perpetua.

Después de la intervención médica intente abrir los ojos, pero solo me funcionaba el derecho, sentí el calor de la mano de mi madre y pude entender la diferencia abismal entre su temperatura corporal en contraste con la mía, ella dice que cuando me tocó sintió como haber tocado un muerto, que estaba escalofriantemente helada, y que mis uñas lucían absolutamente blancas. Con mi único ojo vi la tristeza de mi madre viéndome convertida en un monstruo por la deformidad que revelaba mi rostro a causa de la inflamación, nos despedimos sin decir adiós. Yo me quede conectada a tubos y maquinas que respiraban por mí y hacían ruidos extraños en señal de que aún permanecía en este plano terrenal.

Esa noche fue terrible, no entendía que me había pasado, me tallaba en la tráquea uno de los tubos, una enfermera hostil me regañaba cada vez que yo llamaba la atención para avisarle que me estaba ahogando, en un momento sentí que quería votar un eructo y como estaba amarrada a la camilla no podía enderezarme para sacarlo de mi cuerpo. Con el aparato que mide las pulsaciones del corazón golpee tan fuerte como pude  la baranda de la camilla y lo único que recibí de la enfermera fue un: - ¡No, así no, grosera no!, y entonces no tuve más opción que en mi impotencia de no poder comunicarme dejar salir el “eructo” acostada.

De nuevo la angustia me invadía recordándome que estaba viva, mientras vomitaba sobre mi misma y me ahogaba en mi propio vómito, la enfermera corrió a socorrerme, enderezarme y regañarme por no haber volteado la cara. Me perdonaran mis queridos lectores por la grosería, pero lo uno que pensaba en ese momento, era que si hubiera podido hablar le habría dicho: - ¡vieja hijueputa, yo no entiendo que es lo que le pasa a mi cuerpo!, pero bueno…después tuve enfermeras que me cuidaron y me trataron muy bien, estuve dos días en cuidados intensivos, mis hermanos y mi mamá estuvieron ahí conmigo. Según cuenta mamá el médico le advirtió que no podían hacer mucho por mí, entonces supongo que para mi familia verme luchando por mantenerme con vida debió ser muy difícil.

Cuando me desentubaron y podía respirar por mí misma, la felicidad no es una palabra suficiente para definir lo que sentí, estar aquí, viva, fue una  razón para sonreír y pensar que podía continuar haciendo lo que sea que hago por mejorar el trozo de mundo que me fue concedido. Además descubrir  cuanta gente a mí alrededor me quiere fue realmente un momento de gozo.

El resto de la historia se las podré contar cuando me recupere, solo les diré que estoy bien, que soy una mujer afortunada al estar rodeada de tanta gente hermosa y leal, mientras continúo reflexionando al respecto de este episodio. Agradezco a la vida que me dio un chance de continuar siendo luz para mí misma y para otros y a la muerte: por la tregua.

No sé qué haya después de esta vida, como tampoco sé que hubo antes, pero  lo que puedo entender de todo esto, es que la vida es ahora y es un verdadero milagro.




Comentarios

  1. Wow que relato, el que lo vive es quien lo goza. Espero que te recuperes con toda la energia que siempre haz albergado pero con mayor madurez frente a las batallas y luchas que verdaderamente debemos dar y es por ser felices y hacer felices a otro. Un abrazo querida poeta que sigan siendo mas lunas...

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  2. Lunita, hace bastante tiempo te conocí y sé que eres una mujer luchadora, siempre lo has demostrado y hasta casi el final lograste vencer y darte una nueva oportunidad, de otra se hubiese dejado llevar por la oscuridad, pero con eso demostraste que eres luz y que seguirás brillando a pesar de mas adversidades.

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